Capítulo 3:
Unidad Bioalquímica, P.E.R.S.L.E.Y.

La realidad y mis pensamientos se entrelazaron en uno solo. Era un espacio interminable que no contaba con un techo visible, un fondo en el cual apoyar los pies, o paredes que pudiera tocar extendiendo los brazos. Un invernáculo de soledad y sombras danzantes que circulaban en la lejanía, y se difuminaban al tocarse unas con otras. Yo me encontraba ahí, flotando inerte, completamente en bolas frente a un desconocido, ambos compartiendo la misma mirada perdida en el vacío existencial y sin intenciones reales de interactuar.

—Ey.

No conseguí respuesta, ni un gesto de interés. Bah, yo tampoco buscaba entablar una conversación, saludar o… moverme, simplemente me salió ese “ey” para saber si había una reacción de su parte. Saber si estaba vivo o… muerto. Lo cual me recordó…

—Así que esto es… estar muerto…—Giré lentamente la cabeza, admirando la envolvente atmósfera.—Mirá vos, che.

Todo este tiempo creí que estar muerto se trataba de pisar suelos cubiertos por llamas, respirar azufre y suplicar por tu alma ante tipitos en calzones usando tridentes. O por lo menos eso me decía mi jefe, después de concretar uno de sus “trabajitos”, que todos los que estábamos en ese negocio íbamos a parar al mismo Infierno y nos íbamos a ver las caras de nuevo. En vida, no me consideraba una persona creyente, o sugestionada por las prácticas religiosas de la gente que me rodeaba, pero si acaso existía un lugar que se parezca a lo que él decía, ojalá que le dejen el culo como un colador por haber sido un ser humano tan miserable.

De todas formas, ya no tengo que preocuparme más por él, ni por nadie. Soy libre de flotar hasta el fin de la eternidad cuanto quiera en este… espacio infinito. Espero no aburrirme antes de tiempo, acá no tengo consolas, ni mi PC, o a mi gata que tuve en mis años de adolescencia para hacerme compañía, sólo está… él. Me pregunto si estará pensando las mismas pelotudeces que yo, ahí flotando con el pito al aire, tan despreocupado.

—Ah… el pacto parece que funcionó.—Dijo, de repente.—Qué bien, no lo puedo creer.

—¿…?

—O sea… que mi recipiente ya fue elegido ¿no?.

El tipo balbuceaba sinsentidos que casi ni podía escuchar pero, esta vez, fijando sus ojos en mi dirección, con una mueca de alivio en su cara, como si tuviera un propósito oculto en el cual, mi presencia, entre todas las cosas, le resultara beneficiosa. Quizás estuvo acá mucho antes que yo, y se puso contento al ver a otra persona flotando con él, haciéndole compañía. Muy surrealista todo.

Una atracción que nos guiaba a un punto intermedio entre los dos, poco a poco nos acercaba como una línea de pesca que iba enrollando su hilo invisible. ¿Qué hará ahora? ¿Querrá saludarme?

Entonces yo…

Yo…

—¡AHH! —Grité desaforado, comprobando en mi agitada respiración, que todavía seguía con vida luego de… algo que me hizo desmayar–¿Cómo es que yo…?

—¡Maestro!

Alguien se me tiró encima, y no paraba de sollozar en mi hombro, visiblemente conmovida con mi deplorable estado actual. Su cabello castaño, de puntas ligeramente onduladas y largo hasta la mitad de su espalda, fue lo único que pude apreciar desde mi posición. Sentía mis músculos tensos, no por lo que me haya pasado antes de quedar knock-out, sino por la intensidad con la que me está sofocando esta piba.

—D-Due…le.—Mis palabras fueron como un comando de voz para ella, apartándola en el acto, y dejándome respirar tranquilo.

—¡Ah! ¡Perdón, Maestro!.—Exclamó, sin darse cuenta de la fuerza que me estaba aplicando.—¿Se encuentra usted bien?

Tosí un poco, intentando sentarme nuevamente en el demacrado piso que tenía debajo, y cruzando miradas con la persona que… me identificaba como su maestro. Era muy linda, de brilloso semblante y complexión delgada, casi atlética diría, pero robusta y bien compensada en… ciertos lugares. Contaba, además, con unos pequeños accesorios azulados que sujetaban mechones de pelo, y no pasaban desapercibidos en ambientes de poca luminosidad como ested. Una persona que jamás vi, de repente llora y se preocupa por mi bienestar. Aunque… ahora que lo pienso, ella…

—¡Gracias por las manzanas, Maestro!.—De pronto dijo ella, en un tono alegre.—Gracias a la manzana que me dio pude volver en si.

—¿Manza…? ¡Ah!.

Ya recuerdo. Quedé hecho puré después de una explosión en esta casucha, y ella, esta persona, me levantó, sin esfuerzo con una mano, desde la solapa de la camisa, y apuntándome amenazantemente con un arma desconocida. Su intención asesina era indiscutible, pero… su personalidad, ahora, es radicalmente diferente. ¿Qué la hizo cambiar de parecer? ¿Una manzana de mierda? No me jodas.

—Tengo muchas preguntas…—Comencé a indagar.—¿Me podrías decir quién sos?

—¿Ehh? ¿No me reconoce, Maestro? —Ella respondió mi pregunta con otra pregunta, abriendo los ojos de par en par, extrañada por mi actitud.—¿¡Cómo pregunta eso!? ¡Soy su asistente! ¡Llevamos tiempo trabajando juntos!

—Lo siento, pero no…

Un momento. Si esto de verdad no es una “jodita de Tinelli”, y tengo que asumir que renací en este cuerpo, voy a tener que jugar con las cartas que tengo en la mano. Mirala ahí, con esa cara a punto de hacer puchero. Por el momento, voy a seguirle la corriente y, en cuanto pueda, le digo que no soy quien ella piensa que soy.

—Señorita Asistente, entonces…

—Maestro, mi nombre es Persley, su unidad bioalquímica.—Replicó con seguridad, casi regañándome.—¿O acaso también olvidó cómo me llamo?

—Cierto, Persley.—Le dije, fingiendo demencia absoluta, agachando un poco mi cabeza en señal tácita de disculpas.—¿Serías tan amable de ponerme al tanto de la situación? Creo que me di un fuerte golpe en la cabeza, y no recuerdo nada de lo que pasó antes de desmayarme.

Al escuchar mis palabras, ella se quedó tiesa, impactada, como si hubiera dicho algo completamente desubicado. Entonces, el profundo color miel de sus ojos fue reemplazado por un luminoso y chillón tono azulado, como el de sus hebillas en el cabello, denotando una intensa concentración hacia mí, dejando atrás la inocente mirada de hace un momento, que se tiñó de pura inexpresividad, mientras pequeños destellos y líneas recorrían sus ojos, dando la impresión de que llevaba lentes de contacto de realidad aumentada, pero mucho más avanzados que cualquier modelo que yo conociera.

—Tranquilo Maestro, estoy midiendo su temperatura corporal.

—Mi… ¿temperatura?

—Así es­.—Me afirmó, con toda certeza—Jamás solicitó, desde que nos conocimos, ni una vez de mi asistencia, ni me trató con tanto respeto, así que estoy revisando sus parámetros vitales para asegurarme de no encontrar alguna anomalía…

—¿Qué clase de hijo de puta fue el anterior dueño de este cuerpo?.—No pude dejar de preguntarme internamente.

—Todo está normal, como siempre, excepto…

—¿Excepto?

—Hubo una abrupta disminución en sus niveles, experiencia y habilidades adquiridas desde que volvió a este sitio, tal como lo comprobé momentos atrás .

—Creo que no te estoy siguiendo.—Le dije, levantando una ceja.

—Tiene que recordarlo, Maestro.—Me respondió, poniéndose de pie y sacudiendo el polvo de su vestido, se inclinó detrás de mí, apoyando su delicada mano, capaz de levantar a una persona sin problemas, en mi espalda.—Observe, por favor.

—Ah, esto es…—Algo que rompía mi entendimiento, otra vez, y me daba un caudal de información tremendo, apareció al parpadeo. —Impresionante.

Al entrar en contacto conmigo, tuve la ligera sensación de que un pulso eléctrico indoloro pasó fugazmente a través de mi ser, entró a mi cerebro, y generó, de alguna forma que desconozco, incontables ventanas, gráficos, números, descripciones y estadísticas a lo largo y ancho de mi campo visual.

—Tuve que forzar la función más básica de exploración ocular, ya que nuestro vínculo nunca escaló más del 0% para que pueda activarla usted mismo, y además…—Continuó explicándome.—todas sus estadísticas están en cero, al igual que sus habilidades de manipulación alquímica, las ramificaciones de sus conocimientos hacia otras artes oscuras.—Tomó una bocanada de aire, y siguió.—sus conocimientos adquiridos de armas, ingredientes, materiales, criaturas y lugares, sus puntos de experiencia en comb—

—Está bien, ya te entendí, creo.—La interrumpí, abstraído de la realidad como un infante con juguete nuevo, escaneando rápidamente la interfaz en la superficie de mi retina, acostumbrándome a controlarla como si fuera uno de esos clásicos juegos de rol.

La ventana principal estaba dividida en dos secciones, un perfil con números algo básicos y un hexágono, que quizás, refleje los valores de la primera sección, al ver que los únicos vértices en destacar eran los de VIT y LUK, con un valor de 5 y 2, respectivamente. Todo lo demás, en 0.

En cuanto a la sección de Perfil, pude visualizar lo siguiente

Perfil


N/Zatos
Lvl/001
ID No/F467939
Class/Alch
Exp.P/0000000
Skill P/000000
Part./P.E.R.S.L.E.Y.
Part.Link0%

—¿“Zatos”? Si esta información le corresponde al cuerpo que ocupé…—Pensé.—¿Zatos se supone que es el nombre que voy a tener que usar de ahora en adelante? ¿No se podía llamar… Matias, Facundo, o algo más normal? Es muy poco argentino, para mi gusto. Qué más da, voy a tener que guardar mi nombre “real”, parece.

La segunda ventana es la de Skill Tree, y no estaba vacía, podía leer dos de estas skills, o habilidades.

>Mad Sci./Lvl. 001/Passive Skill/
>GdLkMyWay/Lvl.001/Passive Skill/

Un pequeño cursor circular apareció en mi rango de visión, que permitía desplazarme entre las ventanas y opciones. Usarlo de manera natural no fue tan difícil. Seleccioné el primero, e hice foco en el texto, abriendo una nueva ventana con una descripción y estadísticas de esta misma habilidad. Muy útil, si es lo que me estoy imaginando. En runas de este mundo, decía:

>Mad Scientist/ Passive Skill/Lv.001

Habilidad especialmente desarrollada para alquimistas que pierden el control de sus trabajos fácilmente, evitando que mueran durante la manipulación y mezcla de elementos químicos.

Resistencias: Fuego +1 / Plasma +2 / Envenenamiento +1

—¿Esto habrá tenido que ver…—Divagué en mis pensamientos.—con haber sobrevivido a esa explosión?.

—¿Y esta otra?.—Cambié de ventana, y fijé el cursor en la segunda opción, que decía:

>Good Luck My Way/ Lv. 001/ Passive Skill

Ahora sos poseedor de una suerte extraordinaria en tu búsqueda de la verdad, incluyendo tus investigaciones de campo, recolección de materiales mediante la Unidad Bioalquímica y durante el proceso alquímico.

—Nunca me llevé muy bien con la química en el colegio, pero esto parece interesante.—Reflexioné.—Básicamente, me están forzando a ser Walter White, pero en otro mundo.

Las ventanas desaparecieron al momento que pensé en cerrarlas, y levanté la vista, explorando el lugar, que estaba todo maltrecho. Ella me habrá arrastrado desde afuera, trayéndome acá, al interior de la famosa choza.

—Maestro… ¿En verdad… es usted?.—Mencionó abruptamente, en un dudoso tono de preocupación.—No solo sus valores volvieron a cero, sino que su ID…

—Err… Bueno…—No sé qué tendrá de relevante el ID que comenta, pero si confieso que no soy “esa persona”, no sé cuál podría ser su reacción, y ya conozco el posible desenlace si la otra Persley se pone media cabrona y elige hacer tiro al blanco con mi cabeza.

En el auge por encontrar una excusa perfecta que convenza a la chica de doble personalidad, veo lo que parecieran ser unos círculos con diseños muy complejos, puestos en cada columna que sostenía esta casa, llevándome automáticamente a la carta que me dejó escrita este tal Zatos.

“Tuve que encerrarla dentro de un círculo alquímico que consumió toda mi energía, porque quiso impedir el pacto a toda costa.”

—Claro que lo soy.—Sin miedo al éxito, seguí con el engaño hasta las últimas consecuencias y hablando de cosas de las cuales no tenía la más pálida idea.—¿Quién otro podría colocar un círculo alquímico tan poderoso como para encerrarte acá?

—Ah…—Exclamó, sin estar del todo convencida, y volvió a retrucar.—No conozco los detalles, pero… ¿tiene que ver con aquel pacto Oscuro que venía investigando?

—Ah, era eso lo que te preocupaba.—Dupliqué el nivel de caradurez.—Se trataba de magia muy peligrosa, así que no lo concreté. Me arrepentí a medio camino, reflexioné al respecto, y regresé para desactivar el círculo que te aprisionaba.

—¿…y sus niveles?.—Insistió nuevamente, como queriendo sacarme la verdad a toda costa.

Tomé un instante para elegir las palabras adecuadas.

—Tenía contemplado que ocurriera esa baja en los niveles y otros parámetros, la alquimia que usé era de tan alto grado de ejecución, que no solo consumió mi energía, sino también las estadísticas que venía acumulando.

Obvio, yo estaba cruzando todos los dedos posibles para que no me haga más preguntas porque ahora si que no tengo de qué agarrarme.

—¿Por qué no me dijo esto antes, Maestro?.—Habló después de un obligado silencio incómodo.—–Buscó durante mucho tiempo pistas sobre ese pacto Oscuro, del cuál yo carecía de datos, desconociendo efectos secundarios, o si acaso su vida corría algún riesgo. Soy la asistente más inútil que un alquimista puede tener.

“No es más que una inútil, un estorbo.”.—Fue lo que resonó en mis pensamientos. ¿Qué onda con el maltrato hacia esta piba? ¿Habrán tenido alguna relación medio tóxica? A simple vista, no encuentro el problema, y ella no se ve precisamente como la representación del mal en el mundo, al contrario, tiene un aire servicial y colaborativo que jamás vi en ninguna persona de donde vengo. El peligro estaba, claro, en ese arranque de violencia iracunda que casi acaba por incinerarme vivo, pero fuera de eso, todo tranqui. Mientras tenga su ración de manzanas, habrá paz en el mundo.

Qué ironía. El tipo construyó una vida medianamente estable, siendo ayudado por alguien en todo momento sin cuestionarlo, sólo para tirar la toalla y cagarse en sus logros. Mientras tanto, yo, un flaco atosigado de quilombos, que sólo buscaba el consuelo de una buena birra fría al final del día, recibe la segunda oportunidad de alguien que trató su existencia como un pañuelo descartable, ocupando un cuerpo ajeno.

—En fin.—Largué con un suspiro, y esbocé un razonamiento lo más verosímil posible.—Ya no creo poder valerme de mis grandes habilidades alquímicas como antes, así que, si no es mucha molestia. ¿Serías tan amable de ayudarme a salir de esta situación y restaurar mis habilidades?

Sin emitir respuesta alguna, ella sólo se limitó a colocarse con una firme postura frente a la terrible voladura de la pared contigua a la sala, que daba a una preciosa vista del lago.

Como si de perros sabuesos se tratasen, dos de esas familiares criaturas de escalofriante sonrisa y cabeza enorme, asomaron su horrendo hocico por el boquete. Pero quien dice dos, dice tres. Y cuatro.

—Muy bien, Maestro.—Dijo ella, entusiasmada, al tiempo que, los sabuesos del mal, se apuntalaban en la única vía de escape que teníamos.—¡Estoy para asistirlo en lo que requiera, soy su Unidad Bioalquímica P.E.R.S.L.E.Y.! ¡Lista para comenzar la recolección!

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